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La inmovilidad

La inmovilidad

Una vez que estamos seguros de la estabilidad de la postura y de la verticalidad de la columna vertebral, hacemos gasshô (unimos nuestras palmas a la altura del plexo solar) inspiramos por la nariz y nos inclinamos en gasshô al mismo tiempo que espiramos por la boca.

 
Al inspirar volvemos a la vertical y disponemos las manos de la siguiente manera: la mano izquierda sobre la mano derecha, palmas hacia arriba.
 
Los dedos pulgares se tocan suavemente, formando una línea completamente horizontal. Si la postura de las piernas es correcta, las manos están apoyadas en los talones de los pies. El tono muscular de las manos es muy importante. Antes de inmovilizarnos totalmente, inspiramos con fuerza por la nariz y espiramos por la boca vaciando los pulmones del aire viciado. Esta respiración se repite dos o tres veces. Después de lo cual nos inmovilizamos absolutamente y respiramos por la nariz, en silencio y con delicadeza.
 
Texto extraído de la obra “¿Qué es el Zen? Introducción práctica a la meditación Zen”, de Dokushô Villalba. Ediciones Miraguano, ISBN: 978-84-7813-286-4. Todos los derechos reservados.